Ámsterdam, libertad y bicicletas

La capital de los Países Bajos es mundialmente conocida por su estilo de vida, en donde la tolerancia y la libertad conviven entre casi 830.000 personas. Sin embargo, Ámsterdam ofrece mucho más que la fama otorgada.

Situada en la bahía del IJ, la ciudad está conformada por una gran cantidad de canales y es precisamente ello lo que fomenta el uso de  la bicicleta. La mayor parte de los ciudadanos se mueven por la ciudad en este práctico transporte, existiendo carriles especializados e incluso “parkings”comunales en las calles. No obstante, existen otros transportes como los automóviles, los tranvías o las diferentes embarcaciones que conectan toda la ciudad.

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Ciclovía y bicicletas en el centro de Ámsterdam

Ámsterdam nació como un pequeño pueblo pesquero en el siglo XII, pero actualmente es la ciudad más poblada de todo el país. En ella, conviven personas de muy diversas nacionalidades, conformando una gran comunidad europea. La ciudad se abre al foráneo para ser conocida, y deja a relucir todos sus aspectos histórico-culturales, patrimoniales y también psicológicos. Siendo, por ejemplo, la prostitución o las drogas temas delicados en la mayoría de las sociedades europeas, Holanda los ha legalizado oficialmente. Tanto así, que algunos de los atractivos turísticos de la capital (al menos, hasta el año 2012) son el Barrio Rojo (Red Street District) o los Coffee Shops.

La urbe presume de ser la capital más liberal, puede hacerlo. La organización de su sociedad y los valores de la misma se ensamblan a la perfección con su estilo de vida tachado, en muchas ocasiones, de”libre albedrío”. Por otra parte, el país destaca por los derechos que otorga a sus ciudadanos; siendo, por ejemplo, el primero en validar legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo. Todo ello, se traduce en una fusión magnífica entre derecho y sociedad, ideal para una era llena de cambios.

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Arquitectura y canales amsterdameses

Ámsterdam cuenta con una gran variedad de elementos turísticos; siendo los museos su principal atractivo: El Rijksmuseum, el Museum het Rembrandthuis, el Stedelijk Museum o el inigualable Museo de Van Gogh. Otro tipo de museos, en este caso históricos, son la Casa de Ana Frank, o la iglesia clandestina del siglo XVII denominada Museo Amstelkring. Así, otros aspectos como la gastronomía (quesos y postres holandeses), la flora (el Mercado de las Flores, o el Hortus Botanicus) o las simples costumbres (traídas de diferentes partes de Europa), terminan de consolidar a la ciudad como un destino único. En el que el foráneo se siente en casa, y el nativo un ciudadano del mundo.

Lucas Otero Blanco

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“La ciudad de los canales”

Pisar el suelo de Venecia es como pisar las nubes; es algo hetéreo, cuasi mágico. Son dos las veces que he visitado esta maravillosa ciudad y la verdad, nunca me cansaré de recorrer sus callejuelas.

El agua es Venecia en sí misma. La ciudad se encuentra situada sobre una laguna en el Mar Adriático, y su unión con el continente es posible gracias al Puente de la Libertad. Un bello nombre que define a la capital del Véneto, el estilo de vida de esta ciudad italiana es totalmente diferente al resto de urbes del mundo. No existe tráfico rodado, y tampoco el agotamiento y agitación de otros emplazamientos turísticos mundiales, Venecia vive tranquila el fervor de los foráneos y es generosa al compartir la historia de su propia piel, de sus propios venecianos.

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Góndolas en Punta Della Dogana

“Venezia” o “Venesia” en véneto, enamora por sus callejuelas que respiran historia, por sus majestuosos edificios (la Biblioteca Nazionale Marciana o la Basilica di San Marco, entre otros), por sus espectaculares emplazamientos (Piazza di San Marco, Ponta della Dogana, o las islas de Burano y Murano), pero sobre todo, por las costumbres arraigadas de los venecianos. El Gran Canal se nutre de góndolas y “vaporetti“, las embarcaciones que trasladan diariamente a multitud de personas por todas partes; a través de ellos se puede acceder a las diferentes islas que conforman la ciudad.

Por otra parte, Burano es una Venecia clásica en miniatura, el halo de su hermana mayor se respira en el ambiente. Casi tan turístico como la anterior, Burano se nutre de colores por doquier. Las paredes de sus edificios forman un arcoiris que reciben, con alegría, a todo aquel que llega a su embarcadero. Es aquí donde se respira una forma de vida natural y familiar, convivir la experiencia turística entre casas familiares o pequeños comercios. No hay nada salientable en Burano, pero precisamente su sencillez y tranquilidad es aquello que atrae, la interacción con sus habitantes, el sonido de sus acentos.

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Burano

“Ciao” significa hola y adiós. Tratándose de Venecia “Ciao” significa “hasta pronto”.

Lucas Otero Blanco