Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas

Un día te levantas por la mañana con la misma ilusión y temor de vivir una experiencia diferente. Un viaje no programado, en el que sólo te va a acompañar tu mochila, tu bordón, una gorra y unos  buenos, o en mi caso, no tan buenos zapatos.

Tras coger el autobús que me llevará hasta Ferrol, llego al puerto, en dónde entro en una cafetería a tomarme mi Colacao y aprovecho para preguntar por  dónde sigue el Camino hacia Santiago. Me ponen mi primer sello en esa misma cafetería.  Empiezo a caminar buscando a cada momento las señales amarillas que me sacarán de la ciudad.

Camino, camino y camino a través de una pista paralela a la autopista la cual indica que el camino escogido parece no es el correcto….volvemos para Ferrol….menos mal que hemos seguido sin hacer caso a esas señales de laautopista.

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Cada dos horas de caminata, un descanso de 10 minutos….hasta que nos encontramos hacia el mediodía unos maravillosos bancos de piedra en el medio de un campo…perfecto…¡es la hora de la siesta!. Tras descansar una hora, seguimos caminando sin saber que esa siesta nos iba a  provocar un cansancio difícil de llevar.

A las 17.30h de la tarde llegamos a Pontedeume, dirigiéndonos al Albergue Público situado en un lugar muy céntrico de la población.  Al dejar las cosas en el albergue,  decidimos ir a dar un paseo por la población, cenar algo, y DSCN0501photoshopdescansar…porque al día siguiente  tendremos que llegar a Betanzos.

 

A las seis de la mañana, empieza el movimiento en el albergue. La gente se prepara para empezar el día. Salimos de Pontedeume, acompañados de gente, la cual se quedará en la población de Miño, mientras nosotros seguimos nuestra aventura.Este tramo transcurre a lo largo de caminos con un paisaje único, un camino maravilloso para la vista y desastroso para los pies….subidas de montañas, bajadas de montañas…mientras ves que los coches siguen una ruta mucho más recta….¡quien fuese coche en esos momentos!.Llegamos a Betanzos, entrando por una de las puertas de la muralla que desembocará  en el centro de la población. Es el momento de tomar una buena tapa de tortilla, famosa en la zona, y descansar.

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Al día siguiente, iniciamos uno de los tramos, que , bajo mi humilde opinión ,es uno de los más duros de todo el camino.Nos encontramos  a lo largo de este tramo , un chico joven que nos acompañará , siguiendo eso si , cada uno su ritmo, hasta el fin del tramo.  A media mañana, paseando por uno de esos pequeños pueblos perdidos, una señora nos grita ¡¡Peregrinas!…¿quién?, ¿nosotras?. Nos acercamos, un tanto asustadas, y nos da un vaso de agua.

DSCN0503Estuvimos hablando con ella durante cerca de una hora, y nos puso el desayuno para que probásemos ese bizcocho recién salido del horno.Esto pasa en muy pocos lugares, y ese lugar se llama Galicia.

Seguimos nuestro camino, durante unas horas más hasta que, ya cansadas, llegamos  a los últimos kilómetros previos a  Bruma, y ahí comienza la peor parte.No obstante, lo conseguimos  y llegamos al Albergue de Bruma dónde nos esperan muchos peregrinos, entre ellos el chico que nos habíamos encontrado a lo largo de este tramo. Nuestra cara debía ser un poema, puesto que al entrar todos se empezaron a reír de nosotras.Nos duchamos y nos acostamos  a descansar…no teníamos fuerza ni para cenar.

 

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A las seis de la mañana empezamos el penúltimo tramo a Santiago, Esta vez llegaremos hasta Sigueiro. En este tramo paramos a desayunar en el primer bar que encontramos en el propio camino. Un café, 2€…igual que en pleno Paseo de Gracia de Barcelona.

Este tramo se hace muy llevadero; algo a destacar es el paso a través de Caminos Reales hasta que llegamos a Sigueiro. Al mediodía habíamos terminado.

 

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Al día siguiente nos levantamos con mucha calma y empezamos nuestra ruta sobre las 9 de la mañana, A las 12 de la mañana estábamos  delante de la Catedral de Santiago….llegamos….lo hemos conseguido y no nos lo podemos creer ni nosotras.  Fotos para dejar plasmado este gran acontecimiento y entramos en la Catedral, con nuestra Compostela en la mano.  En ella se respira algo diferente,  un algo que en mis numerosas  visitas a la Catedral jamás había sentido; una  inmensa sensación de tranquilidad que me inunda por dentro. Se sea más o menos creyente, algo hay ahí adentro que sólo al terminar el Camino se puede sentir.

 

 

 

Laura Montero Fole

 

 

 

 

 

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