Perdona, ¿para ir a Santiago?

Como todo el mundo sabe, y a modo de introducción, el Camino de Santiago es una importante ruta donde miles de peregrinos se aventuran a la ciudad compostelana con el fin de venerar las reliquias del apóstol Santiago el Mayor.

Una vez en Santiago, y ya con el credencial en la mano (La Compostela), los turistas se refieren a esta experiencia como algo único e inigualable. Ahora bien, ¿qué pasa con aquellos peregrinos que no han podido pasar por meta? ¿Les habrá pasado algo? ¿Tendrán la misma opinión que el resto de caminantes?

A lo largo de la historia, la figura del peregrino ha sido protegida por las más altas instancias religiosas y monárquicas, por lo que la senda hacia Santiago era relativamente segura y accesible. Un dato motivador para todo penitente o aventurero, la verdad, pero una vez más nos encontramos con la ‘cara B’ de la moneda. Esta cara tiene nombre y apellidos: Lena Waterfeld, una joven alemana de por aquel entonces 25 años.

Lena Waterfeld tras ser socorrida por los servicios de emergencia.

Corría el año 2014, pleno mes de agosto, y nuestra protagonista se dirigía al Santuario da Barca (Muxía). Hasta aquí algo totalmente normal en el trayecto fisterrán, pero lo que jamás se le hubiese pasado por la cabeza es en dónde acabaría su periplo: en un acantilado.

El camino de Santiago, a su paso por “Punta Besugueira”, se confunde con senderos de alta dificultad, los cuales proliferan sin que la administración fije veto alguno, y los cuales llevaron a la joven Lena a “disfrutar” de unas vistas que mucho mejores hubiesen sido desde un punto algo más elevado.

No hubo heridos, pero las consecuencias de este despiste -o mala señalización- se saldaron con un amplio dispositivo salvamentista y una estratosférica multa de unos 5000 euros para la mujer. Justo o injusto, la Xunta se remite a la desgracia acaecida hace tres años en la costa del Orzán, y explica que la comunidad gallega no puede permitirse otra derrama de tales dimensiones.

A este suceso no se le ha dado relevancia, en efecto parece un caso aislado o un descuido, pero lo cierto es que no hace mucho salió a la luz un caso idéntico, el de un español que, al igual que la joven Lena, tuvo que ser rescatado EN ESE MISMO PUNTO un mes antes. ¿Qué tal si lo solucionamos ya y no tentamos a la suerte?

 

 

Jorge García-Armero Montesinos

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