Recuerdos de María Lusquiños

Estos paisajes me trasladan a la emoción de los nuevos descubrimientos de la infancia. De cuando cogíamos una mochila y jugábamos a ser exploradores, sin proponérnoslo.  Me transportan a esos bosques gallegos atemporales en los que nos perdíamos para, cuando empezaba a oscurecer, encontrar el camino de vuelta. Nos convertíamos sistemáticamente en turistas, aún estando a un par de kilómetros de casa, descubriendo de cada vez un nuevo sendero que conducía hacia ninguna parte. Era de los pocos momentos que realmente me hacían sentir que lo importante era el camino y no el destino. Sorteábamos  muros, piedras e incluso cepos y miedos sustentados por leyendas, no tan urbanas. Realmente hay espacios que aún sin tener nada de particular, nada que pudiese considerarse digno de plasmarse en una fotografía, son capaces de transmitir tantas emociones, tantas sensaciones. Esto se intensifica en los rincones donde lo verde está incluso si miras hacia el cielo. Son esas experiencias las que se suman al bagaje de la vida y se clavan en las neuronas, para siempre.

María Lusquiños Torres

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