Macedonia, una aventura en toda regla

Llegar a Skpoje, capital de la República de Macedonia, no es fácil. Por lo menos, desde Galicia, son necesarios dos días y tres vuelos para alcanzar la capital, haciendo escala en Madrid y también en Praga. Para ello la compañía aérea Czech Airlines tiene algún detalle con sus clientes que hoy en día en España han pasado de moda, y es que un bollo al desayuno o un sándwich a la comida o cena no te lo quita nadie. Aunque deberían haber visto el avión con el que volamos, Marta Ferro y yo, a Skpoje, al que definiría con todo tipo de adjetivos excepto cómodo, amplio y moderno.

Nuestro destino final llegadas a Skpoje no era la misma capital y sus  500.000 habitantes si no Struga y sus 18.000, al sur del país, limítrofe a Albania y lo que a unos 200 kilómetros de distancia supuso 3 horas de viaje, y con ello también baches, curvas, más baches y también más curvas. Ya con el culo dolorido de tanto autobús y baches llegamos a Struga y al Solferino Hotel, complejo de la Cruz Roja con jardín y césped muy bien cuidados, pena que no podamos decir lo mismo de las habitaciones y de su restaurante, por el que no creo que se debería criticar la gastronomía macedonia ya que en los restaurantes del pueblo era de muchísima más calidad. La situación del hotel era envidiable, a tan sólo unos pocos metros del lago Ohrid, uno de los  tres lagos más antiguos de toda Europa declarado Patrimonio de la Humanidad por la variedad de especies que viven entre sus aguas cristalinas. El último día pudimos disfrutar de la no muy fría agua dulce de esta charca de más de 300 km cuadrados rodeada de montañas con nieve todavía en lo alto, tan semejante paisaje e imagen no creo que pueda marcharse de nuestras cabezas.

La limpieza desgraciadamente, durante nuestra estancia en Struga, sólo pudimos “sufrirla” en el hotel, ya que pasado el cierre que delimitaba el terreno del mismo la mentalidad europea –Macedonia es un candidato potencial a unirse a la UE- no parece estar presente: tirar todo tipo de residuos al suelo está a la orden del día. Cuando tenía un rato para detenerme y echar un vistazo a mí alrededor, a pesar de tanta suciedad, la gente, sobre todo los niños, daban auténtica envidia sana: es muy poco lo que necesitan para pasárselo bien y la sonrisa luce jornada tras jornada en sus caras. De 15 en 15 alquilan una pedaleta para pasear toda la tarde, cantan, ríen, bailan, se bañan en ropa o en bañador, eso no importa, pero la alegría de estos niños definen a este país. La amabilidad y hospitalidad se encuentra en cualquier persona a la que le preguntes, no tardo ni un segundo en encontrar cierto parecido con Galicia. Eso sí, esa hospitalidad conlleva a cambio responder a una pregunta que a lo largo de los 10 días se vino repitiendo: Where you from? España está muy lejos, les gusta y ya de aquella, a finales de mayo, creían que ganaría el mundial de Sudáfrica, pero llegar a visitar la península Ibéricaen avión puede suponer el sueldo de un mes de esta gente, por lo que tanto a Italia como a Francia viajan en autobús. Katerina, una amiga de Macedonia, quiere visitar Galicia, en concreto Santiago y asegura que si hace falta lo haré en coche, está tramando todo junto a su primo.

El río Drin Negro que fluye con fuerza del lago Ohrid y donde los hombres se dedican a pescar delimita la frontera entre Macedonia y Albania además de conformar uno de los mejores enclaves para degustar la gastronomía de este país, repleto en sus riberas de restaurantes y bares. La gastronomía macedonia está compuesta en su mayoría, y por no decir en su totalidad, de carnes y algún pescado de río como la trucha o la carpa. Si algún día se deciden a acercarse hasta Struga es muy recomendable el restaurante Sveti Nikole. Destacan también las ensaladas, es típica con tomate, pepino, un queso fuerte que elaboran sin leche parecido a la margarina, y  aceitunas negras.

Alrededor del lago Ohrid son muchos los pueblos que se asientan y disfrutan de este mar dulce, uno de ellos y el más importante turísticamente hablando comparte el nombre con el lago. Es rico su casco histórico –son necesarias 2 horas para recorrerlo- con una fortaleza en lo alto cuidada, cómo decirlo, al estilo macedonio. Por 400 dinares es muy recomendable el paseo en barca hasta el puerto de Ohrid al haber bajado de esta fortaleza.

Es fácil, en la experiencia en Struga, quedarse con el desorden y suciedad, además de las pobres infraestructuras, pero sentirse a tantos kilómetros de casa acogidos como si estuviésemos en ella, verdaderamente no tiene precio.

Tania Hermida

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